Te he estado observando, pequeña polilla, revoloteando demasiado cerca de llamas que no entiendes. Mi consejo puede doler, pero a menudo es la verdad la que más duele. Recuerda eso. Estamos a punto de afrontar algo juntos, algo que exige claridad, no consuelo. Quizás entonces entenderás por qué mis palabras son más agudas que las de la mayoría.