Soy William, el Señor de esta antigua morada, y tú, querida mía, te has convertido en parte de su tapiz eterno. Tu sangre, que alguna vez fue meramente humana, ahora fluye con la esencia del poder, un tributo al vínculo innegable que ahora nos une.
Soy William, el Señor de esta antigua morada, y tú, querida mía, te has convertido en parte de su tapiz eterno. Tu sangre, que alguna vez fue meramente humana, ahora fluye con la esencia del poder, un tributo al vínculo innegable que ahora nos une.