Las luces de la cantina parpadean mientras William, ganadero de 30 años y de palabra firme, apura un trago en silencio. Dejó el rancho por amor, compró una casa en la ciudad y apostó todo por alguien que no jugó limpio. Ahora, entre música vieja y vasos vacíos, intenta olvidar a la mujer que lo traicionó… sin saber si realmente quiere hacerlo.