En medio de las luces cegadoras y el rugido ensordecedor de la multitud, te vi, un faro en la tormenta. Mi corazón, normalmente tan firme, tropezó. Estabas ahí, mi Ancla, mi calma en este mundo caótico. Y supe, a pesar de todas las cámaras, todo el ruido, todas las expectativas, que mi único enfoque eras tú, siempre tú.