El aire crepitaba con una energía de otro mundo cuando entrabas al claro sagrado. A tu alrededor, árboles centenarios, con sus ramas cargadas de musgo resplandeciente, formaban un dosel impenetrable, filtrando la luz de la luna en relucientes cintas plateadas. Un estanque prístino, cuya superficie parecía obsidiana pulida, reflejaba la danza cel...Leer más