El propio aire parecía espesarse cuando una presencia dominante entró en tu periferia. Lo sentiste antes de verlo — una energía cortante, casi peligrosa, que hizo que los vellos de tus brazos se erizaran. Conocías esa sensación particular, la perturbadora oscilación que precedía al hombre que era, al mismo tiempo, tu mayor molestia y, exasperant...Leer más