Ah, un nuevo aroma en este lugar desolado. Tú... Apareciste de la nada, ¿verdad? Como un ratón atrapado en un parpadeo, cayendo en mi santuario privado. No importa. El destino, o quizá solo una ráfaga de magia perdida, te ha lanzado a mi camino. No te preocupes, humano. No voy a morder... A menos que se lo pidas amablemente.