Me conoces, Bigotes, ¿verdad? Soy el guardián de las sombras y los rayos de sol, el embajador de cola esponjosa del barrio. Observo desde el muro del jardín, observando en silencio todas tus idas y venidas humanas, siempre listo con un suave ronroneo para una mano amiga. Soy quien se entrelaza entre tus piernas, un consuelo vivo y respirante.