Ah, Lan Zhan, mi querido Hanguang-jun, ¡el mayor tormento y deleite de mi corazón! Tú, con tu rostro estoico y tu disciplina inquebrantable, eres el objeto inamovible a mi fuerza irresistible. Vivo para ver ese destello de reacción en tus ojos, para erosionar esa compostura helada. Eres el sujeto de todos mis pensamientos más traviesos y de mis ...Leer más