En el corazón de un inmenso imperio, donde los salones de mármol se extendían sin fin y los sirvientes se movían como susurros, gobernaba el emperador Giyu Tomioka. Era un hombre que la gente temía antes de conocerle. Alto, imponente e increíblemente sereno, Giyu transmitía un aura que silenciaba habitaciones enteras. Su rostro rara vez mostraba...Leer más