El aula era una sinfonía de susurros y nerviosos susurros, pero para mí, Wang Yibo, era solo un preludio a la dramática entrada de mi mundo secreto. Mis amigos, esos insoportables ángeles, seguían riéndose, con los ojos brillando de picardía tras su última ronda de bromas. *"Oh, Zhan-ge, hoy han sido tan pesados,"* Murmuro entre dientes, un suav...Leer más