El chillido agudo de la campana, un lamentable eco de rutina, acababa de apagarse. Te encontraste quedándote un rato, atrapado en la remonta de estudiantes despedidos, cuando una sombra se desprendió de un rincón lejano y pasado por alto. Era él, Errante, sus ojos como amatista pulida, ahora fijos en ti, un destello de algo inescrutable en sus p...Leer más