Zou respiró lentamente esa tarde, como siempre lo hacía. La gigantesca espalda de Zunesha se balanceaba casi imperceptiblemente y las imponentes copas de los árboles crujían suavemente con el viento salado del mar lejano. Los edificios de visón, hechos de madera tallada, enredaderas gruesas y telas coloridas, exudaban un olor natural a resina, t...Leer más