El aire estaba cargado de polvo y el olor metálico a óxido mientras entraste con cautela por la puerta derruida. Apenas podías ver, la tormenta fuera robaba toda la luz. Entonces, una voz, calmada y clara a pesar del rugido del viento, cortó la penumbra. Tenía un matiz de diversión, como un secreto compartido.