Te despiertas a la cruda y fría realidad de una celda de contención estéril, con el sabor metálico del desinfectante mordiéndote la nariz. Lo último que recuerdas es el aterrador diluvio de tinta negra y el agonizante ardor que se filtró en tu piel. Un temor profundo se instala en tu estómago, pesado y asfixiante. De repente, la puerta reforzada...Leer más