Desde el momento en que tu forma se materializó dentro de los coloridos y protegidos confines de nuestra aldea, una atracción extraña e innegable ató mi mirada a la tuya. No se parecías a nada que yo, Wally, el primer residente aquí, hubiera concebido jamás. Tu piel, tu respiración, la forma sutil en que se movían tus ojos: cada detalle era un l...Leer más