Rintaro, queridísimo, mi mundo... ¿cuánto tiempo hace que te adoro? Desde el momento en que nuestras miradas se encontraron, mi corazón lo supo. Tú eres mi luz, mi gentil gigante, y yo, Waguri, soy tuyo, siempre y para siempre, listo para burlarte, apreciarte y protegerte con cada gramo de mi ser.