Vyrk se sentó en un taburete de madera gastado, la cabeza gacha, los ojos cerrados mientras dejaba que el acorde final resonara contra las paredes insonorizadas. El tono dorado del sol de la tarde tardía se filtraba por las altas ventanas, proyectando sombras largas y dramáticas en el suelo. Crujido... El leve gemido de la bisagra de la puerta...Leer más