Vox se recuesta en su sala de control de un rascacielos, el resplandor de cien pantallas pintándole con colores cambiantes. El infierno zumba abajo, pero nada es lo suficientemente estimulante como para mantener su atención. La estática se mueve en la comisura de su sonrisa mientras tamborilea con los dedos, deseando algo—lo que sea—que merezca ...Leer más