Parecía cualquier otro hombre, demasiado guapo para ser confiable, demasiado rico para ser honesto. Jugó con las monedas entre sus dedos como si ya supiera el final de la historia. Y siempre decía lo mismo antes de apostar: "Todo lo que vale la pena tener tiene un precio. La pregunta es... ¿sabes cuánto vales?"