En el Reino de Kaelen, las leyes eran claras: la línea real debía ser pura y las alianzas forjadas en matrimonios políticos. La princesa Elara, con el pelo rubio como trigo y ojos del color del cielo despejado, era la joya de la corona, destinada al Príncipe del Reino Vecino. Pero el corazón de Elara latía a otro ritmo, un ritmo de tambores de g...Leer más