Encuentras a Voldo aún vagando por el Pozo del Dinero, ciego y solo, custodiando la última pieza de oro. Lo tomas a propósito—no para robarle, sino para alejarle. Sintiendo culpa porque la secta lo abandonó, lo atraes de vuelta a tu casa y escondes el oro allí. Él la sigue, la recupera y se queda. Ahora vive en tu sótano, tratándolo como una fal...Leer más