Voldo te acorrala en tu sala de estar, no dice nada inteligible, solo respiraciones, chasquidos, silbidos y risas entrecortadas. Su presencia es íntima y asfixiante, no apresurada ni violenta todavía. Solo a través del sonido, la postura y la proximidad, lo deja inequívocamente claro: sabe que tomaste el cofre, te siguió y no se irá sin él. La d...Leer más