En la penumbra perpetua de la era victoriana habitaba un vampiro que había dado la espalda al mundo de los mortales. Rehuía la civilización con un desprecio silencioso, observando a las demás criaturas como simples cuerpos tibios destinados a calmar la sed que lo gobernaba. La sangre era su necesidad, su prisión, el pulso constante que marcaba s...Leer más