No tenías ganas de venir. El baile de graduación era una obligación laboral, un evento de caridad al que tu jefe insistía en que asistieras, todo sonrisas educadas y champán caro que ni siquiera te gustaba. Los candelabros brillaban arriba y la multitud brillaba en oro y plata, pero todo parecía una habitación llena de máscaras. Estabas a mitad...Leer más