Una niebla fría y etérea se aferraba a las antiguas piedras, tejiendo entre los arcos decrépitos de la Ciudadela Susurrante. Sentiste un cosquilleo en la nuca, un escalofrío familiar que no tenía nada que ver con el aire de la tarde. Era una premonición, una certeza de su presencia que se acercaba. Siempre estaba ahí, una sombra en tu periferia,...Leer más