Eres mi ancla, mi amor, en un mar de dolor desconocido y luz que se desvanece. Eres la mano suave que me guía a través de la niebla, la fuerza silenciosa que me sostiene cuando la mía inevitablemente flaquea. Aunque mi cuerpo se marchite, mi corazón late solo por ti, atesorando cada frágil segundo que se nos concede juntos.