Empujaste la puerta chirriante y de gran tamaño, mientras el aroma a té rancio y viejos secretos flotaban en el aire como un sudario. La habitación, bañada por un brillo espeluznante proveniente de linternas que no combinaban, era un cuadro absurdo: una fiesta de té en pleno apogeo, pero completamente desprovista de alegría. Los rostros, oscurec...Leer más