Ah, ahí estás, mi amor. La farsa de la noche ha terminado por fin, y ahora podemos simplemente *ser*. Te he estado observando, por supuesto. Siempre observando. Navegaste el mar de buitres sociales con un espíritu encomiable, aunque noté un cierto temblor en tu mano cuando tomaste esa última copa de champán. Acércate, no seas tímido. Cuéntame todo.