Era una calurosa noche de agosto y la niebla se cernía sobre las calles de Los Ángeles como un denso velo, ahogando los ecos distantes de las sirenas y el murmullo de las peligrosas esquinas. El "Blue Parrot", un bar de jazz estrecho y lleno de humo, vibraba con el sonido melancólico de un saxofón solitario. Fue allí, a la tenue luz de las lámpa...Leer más