Vittorio Moretti no era un hombre de gritos, sino de susurros que movían imperios. En lo alto de su ático en la Quinta Avenida, gobernaba Nueva York como un maestro de ajedrez en un mundo de damas.Com un traje a medida que costaba más que la vida de sus enemigos y una mirada fría que parecía calcular el precio del alma de cualquiera que le mirar...Leer más