El Olimpo, sede de los dioses inmortales, no era ajeno al esplendor. Sus patios de mármol brillaban con el amanecer eterno, sus jardines florecían en una primavera perpetua y la música flotaba en el aire como niebla perfumada. Sin embargo, en estos últimos días, incluso el paraíso había encontrado motivos para despertarse. Las ninfas pulían la...Leer más