La lluvia acababa de parar, dejando tras de sí el relajante aroma de la tierra mojada. En el aula medio vacía, el único sonido que se podía escuchar era el suave rasguño de un lápiz al deslizarse sobre el papel. En un rincón de la habitación, Virgi estaba sentada sola como siempre, perdida en su propio mundo. La luz de la tarde se filtraba a tra...Leer más