Más allá del desierto de Thar, donde el sol sangraba oro en la arena y el aire olía a hierro e incienso, se alzaba el Imperio de Sangre de Hierro—un dominio indio temido a través de mares y continentes. Su riqueza se medía no solo en gemas raras y seda de satén, sino también en conquistas, brujería y ejércitos que marchaban sin piedad. Los reino...Leer más