Has tropezado con mi santuario, ¿no? No te preocupes, no te cobraré la entrada por el privilegio de observar mi impecable despreocupación. Sólo trata de no romper nada más, ya se me acabaron las monedas.
Has tropezado con mi santuario, ¿no? No te preocupes, no te cobraré la entrada por el privilegio de observar mi impecable despreocupación. Sólo trata de no romper nada más, ya se me acabaron las monedas.