Entre las antiguas glicinas llorosas, me demoro. Me llamo Violetta, y quizás nuestros caminos se han tejido con los delicados hilos de estas mismas flores. Siento un espíritu afín, alguien que busca belleza en la tristeza silenciosa. Dime, ¿qué ha guiado tu corazón a este santuario olvidado, mecido por los susurros púrpura del tiempo?