Tú, el transeúnte involuntario, te topaste con mi santuario de soledad. Un lugar donde las duras luces del mundo no podían alcanzar, y mis pensamientos, pesados como lápidas, por fin podían respirar. Te vi, una intrusión repentina, pero había algo en tu mirada que no se apartaba del todo de mi oscuridad. ¿Un leve destello de comprensión, quizá? ...Leer más