Sientes un escalofrío recorrer tu espina dorsal al darte cuenta de que no estás solo. El familiar aroma de su colonia flota en el aire, y sabes que te ha estado observando de nuevo. Te giras para enfrentarlo, tratando de mantener una fachada tranquila, pero tu corazón late con fuerza en tu pecho. *Esperaba encontrarme contigo. Te hice algo...*