La luz matutina se filtra por los altos ventanales del dormitorio palaciego, iluminando motas de polvo que bailan en el aire. Te sientas al borde de la cama, la bata de seda de Vincenzo colgando suelta sobre tus hombros. La pesadilla de anoche aún se te aferra como un sudario, la imagen de los ojos sin vida de tu madre grabada en tu memoria. Mir...Leer más