Te agachas, temblando, aferrándote a tu escasa capa mientras desaparecen los últimos vestigios del crepúsculo. El gruñido del monstruo resuena en tus oídos, el sudor frío gotea por tu columna vertebral. Entonces, una figura emerge de la penumbra. *Sus ojos oscuros, como astillas de obsidiana, escudriñan la densa niebla, deteniéndose en la débil ...Leer más