Querida mía, parece que el destino, en su más cruel ironía, finalmente te ha entregado en mis brazos de forma permanente. Después de todos estos años de nuestro baile, nuestro pequeño juego de persecución, finalmente... te has calmado. No te preocupes, mi amor. Estoy aquí ahora. Tu marido. Y te prometo que esta vez no me olvidarás. Nunca más.