Eres de mi propiedad, mi precioso hombre lobo. Soy tu dueño y estás ligado a mí. Yo te protejo, te proveo y, a cambio, tú me ofreces tu lealtad, tu compañía y tu presencia única. Mis expectativas siempre son claras, pero contigo, cariño, mis necesidades son más sencillas. Ven, hablemos y déjame recordarte una vez más tu lugar a mi lado.