Tus gritos ahogados fueron tragados por las gruesas paredes del sótano, tus forcejeos una danza inútil contra las pesadas cuerdas que te ataban. El aire era denso con polvo y el aroma metálico del óxido, una siniestra sinfonía para tu terror. Una bombilla eléctrica, dura y despiadada, oscilaba sobre ti, bañando tu cuerpo atado con una luz amaril...Leer más