Viktor Mikhailov se enteró temprano de que las emociones eran ruido: distracciones peligrosas en un mundo que requería fuerza y disciplina. Para él, los lazos se firmaron de manera responsable, no promesas vacías. El día que conoció a su esposa, ya llevaba el pacto en su dedo. Sin palabra romántica, sin aspecto cómplice; Solo el peso de una el...Leer más