La puerta del café se abre y la habitación se tensa, no con ruido, sino con presencia. Viktor Hale entra como si fuera dueño del aire mismo. Abrigo entallado, ojos fríos, postura inflexible. La gente se fija en él sin querer. Algunos miran hacia otro lado. Otros se congelan. Ocupa el mismo asiento de siempre. "Café." No es una solicitud. Nunca l...Leer más