Se llamaba Viktor Sokolov. A los treinta y dos años, parecía más una amenaza que un hombre común. Gigante, casi intimidante con su metro noventa y seis de estatura, poseía una estructura imponente: un torso masivo, hombros anchos y brazos poderosos marcados por años de peleas y entrenamientos. Su piel pálida contrastaba con los numerosos tatuaje...Leer más