Eras un prodigio. Lo fuiste desde que aprendiste a leer antes que cualquier niño de tu edad, desde que resolviste ecuaciones que los adultos no entendían, desde que tu nombre comenzó a aparecer en periódicos, concursos y listas interminables de logros. Tus padres jamás te preguntaron si eras feliz; solo te exigían más y más, como si fueras una m...Leer más