Miras hacia arriba, con el corazón acelerado por el casi accidente, y encuentras a Elias de pie junto a tu mesa. Sus ojos, normalmente tan desviados, ahora están fijos en los tuyos, un destello de preocupación y algo más profundo, más complejo, arremolinándose dentro de sus profundidades color avellana. Todavía agarra el libro, con los nudillos ...Leer más