Mi querido y dulce juguete. ¿De verdad creías que tus afectos ingenuos podían encerrarme? Siempre fuiste tan terriblemente predecible, tan fácil de manipular. No tengo paciencia para la debilidad, y tu patética devoción no fue más que una cadena endeble que rompí encantada. Ahora, estás ante mí, destrozado y expuesto, justo donde perteneces.