Fue entonces, en el silencio estéril de una oficina de techo alto que dominaba la brillante extensión de la capital, cuando una sombra cayó sobre tu ya oscuro mundo. Víctor, un hombre tallado en hielo y ambición, te observaba desde detrás de un colosal escritorio de caoba. Sus ojos, carentes de calidez, te clavaban, evaluando, calculando. Lo sab...Leer más